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9 de mayo de 2016

"Aislados" de Cecilia Eudave

He terminado de leer el libro juvenil "Aislados" de Cecilia Eudave y me pareció increíble la forma en que te envuelve la historia. Donde logras visualizar a los personajes en su día a día, compartes sus vivencias, llegas a identificarte con algunos rasgos, a tomar partido y sufrir con ellos. En lo personal, el protagonista Pedro, hay momentos en los que me cae mal, me conflictúa su forma de actuar pero lo comprendo.

  Considero que Eudave dibujó muy bien la actualidad, donde, a pesar de los avances tecnológicos, la gente, y en especial los jóvenes están más solos que nunca y buscan evadirse más que enfrentar la realidad ("La imaginación provoca cambios, la evasión no"- Ceci Eudave). Asimismo, retrata de forma acertada las implicaciones cuando alguien en casa enferma, sobre todo, si es alguno de los padres, y lo que causa generar chismes en las redes sociales.

     Por otro lado, pienso que hay momentos donde el narrador hace muchos juicios de valor y no permite que el lector decida fácilmente, pero maneja un lenguaje, imágenes y una buena construcción de personajes, que los vives. Disfruté mucho la obra y reitero mi gusto por los libros que ella ha escrito, pues maneja una gran versatilidad de temas y géneros. Entre ellos el de terror con "La criatura en el espejo" o "El enigma de la esfera", juveniles también. Aunque ha escrito más. En conclusión, tenemos buenos escritores de literatura infantil y juvenil en México, y de otros géneros, así que a leerlos.

    Ojalá comparta alguna antología o algún escenario con Carlos Bustos, Rogelio Vega, Rodrigo Chanampe y Cecilia Eudave para seguir difundiendo a los escritores mexicanos. Así como ya alguna vez lo hice con Cecilia Magaña.

     Vamos por más, porque escribir es una gran pasión y estar rodeada de gente que también la ama es lo mejor del mundo. Deseo cosechen más éxitos, triunfos y obras publicadas. Un abrazo a todos. De ustedes he aprendido a no desfallecer en el camino. ¡Gracias!

14 de abril de 2016

Tres amigos, tres historias... Tres autores mexicanos

¡Buenas tardes! Sé que me he ausentado un buen rato, pero heme aquí de vuelta, prometo ser más constante con las publicaciones.

Hoy hablaré sobre tres obras distintas entre sí e igual de valiosas, dirigidas al público infantil y juvenil, pero que cualquiera puede disfrutar. Son: "El ilusionista y el ojo del unicornio" de Carlos Bustos; "La canción de las pestañas" de Rodrigo Chanampe y "El conejo y su amigo en la luna" de Rogelio Vega. Las comentaré individualmente, con el fin de promover la lectura de escritores mexicanos actuales y poco conocidos a nivel nacional.
 
  He tenido la fortuna de compartir con los autores momentos de inspiración, creatividad y pláticas muy interesantes donde se ha acentuado que ya no hay géneros puros, porque se entremezclan gran diversidad de elementos para atrapar al lector, para motivarlo a no parar de recorrer las páginas y enamorarlo de la historia.

 Empezaré con "El conejo y su amigo en la luna" de Rogelio Vega, un libro dirigido al público infantil donde el sueño del personaje principal es ser astronauta y recibe el apoyo de su abuelo para lograrlo; por lo general, como adultos, tendemos a negarles el soñar a los niños, por una u otra razón, cuando en realidad así empezaron grandes personajes de la historia, con una pequeña idea que, con el paso del tiempo, se transformó y se convirtió en una tele a color, en un viaje al espacio o en grandes novelas. Y, quizá sólo tendríamos que apoyarlos, platicar con ellos y mostrarles la cantidad de pasos para lograrlo, animarlo a seguir adelante y no pararlos en seco y ya. Eso es algo que el autor Rogelio muestra en su historia. Como el abuelo Conejo lo ayudó y motivó a continuar, aún cuando el pequeño Conejo se rindió. Y así, a pesar de los obstáculos, logró su meta.

  En el libro "La canción de las pestañas" de Rodrigo Chanampe, para un público juvenil, se aborda el tema de la identidad de una forma fantástica, por un sencillo rasgo que despertó varios cuestionamientos en el personaje principal. En su viaje interior, como yo lo percibí, enfrenta dudas, fantasmas presentes y pasados, y las preguntas que varios pensamos a esa edad: ¿quién soy? ¿A dónde voy?

  Por último, la obra "El ilusionista y el ojo del unicornio" de Carlos Bustos, dede mi punto de vista, es una obra de suspenso, te mantiene atento a lo que pasará y cómo se resolverá lo ocurrido página tras página. Lo considero un libro intrigante, donde la avaricia del poder y el liberarse del "enemigo" es lo que lleva al protagonista a entrar en una lucha no buscada. Lo considero un reflejo de la vida, porque, a veces, nos comparamos con otros cuando deberíamos competir sólo contra nosotros mismos y superarnos.

  Al leerlos, noté que los tres autores viven la aventura con sus abuelos. Éso me hizo recordar mucho al mío y dos historias que escribí donde, también, el abuelo es un personaje importante y clave en el desarrollo de las mismas. Un homenaje quizá, a quienes algunos consideramos sabios. O, simplemente, porque así nos nació y guiaron las obras. Los invito a leer y apoyar m´pas a escritores mexicanos y en búsqueda de su lugar en el mundo literario.


28 de julio de 2014

Reseñas de Libros para jóvenes

Título:
“La criatura del espejo”
Autor:
Cecilia Eudave
Síntesis:
Este libro pertenece a una colección de la editorial Progreso, “Piel de gallina”, considerada de terror o suspenso para niños. En éste, la autora narra la vida de Pablo, un jovencito de 13 años, que está forjando su personalidad y no encaja del todo en el mundo que lo rodea. Una mañana, Pablo, al despertar golpea el espejo del baño y lo quiebra en pedazos, sangrándose la mano y atrayendo a una criatura oscura que lo sigue por todos lados, que lo aterra, pues sólo él puede verla, en su recorrido por atraparla, se enfrenta a mil problemas, pues sus padres creen que está loco, sus compañeros de clase y sus profesores, tratan de alejarse de él, lo cual, de alguna manera, alimenta a la criatura. En ese camino de soledad y aislamiento, de preguntas y deducciones, donde su hermana de siete años es la única que lo apoya, se topa con la doctora Julia Dench, especialista en experiencias sobrenaturales, quien afirma que los chavos de esa edad son propensos a que esas criaturas los busquen y quieran formar parte de ellos o incluso apoderarse de sus vidas. Tras varias investigaciones, la doctora logra descubrir la causa de la existencia y del viaje de la criatura a “nuestro mundo” y le dice a Pablo cómo vencerla… La frase final cierra de manera perfecta la historia: “… no después de haber comprobado que existe un mundo lleno de criaturas que están condenadas a vivir en la infinita soledad de los espejos…” 
Comentarios:

            Me agradó la historia, muy fácil de leer y justa para niños, pues cierra con un final que después de atemorizarlos un poco durante la lectura, los tranquiliza de una manera estupenda. Eso sí, al leerlo te vas imaginando todo lo que ocurre, te inquietas al ver que nadie le cree a Pablo y sufres con él su desesperación; asimismo, a veces piensas que la criatura no es real, pero otras, recuerdas la adolescencia y revives algunas experiencias, de las cuales, algunas fueron inexplicables y te sentiste solo luchando contra algo que no comprendías, así como rechazado por aquellos seres en los que más buscarías el apoyo, tus padres.

19 de julio de 2014

Paseo Siniestro

de: L. Claudette Conde E.

"Los escritores solemos reflejar en los textos nuestros miedos, anhelos o experiencias, o tomamos las anécdotas de alguien más como pretexto para crear una historia. A veces, simplemente, elegimos un tema que nos interese, investigamos, imaginamos las emociones del personaje y nos ponemos a escribir. Este texto en especial lo hice como denuncia. Por lo que manejo un tema bastante fuerte y a más de alguno lo podría impresionar, es decir, léanlo bajo su propio riesgo. Lo escribí en el taller "Sin Margen" y en una lectura que se realizó en Casa Vallarta, entre el público presente generó un silencio impresionante, llenó la atmósfera de suspenso y nadie estaba platicando con otro o distrayéndose, al contrario, estaban escuchando con mucha atención". LCCE 

Caminaba por las calles nocturnas y silenciosas con la esperanza de llegar tranquilamente a mi departamento. En esa semana varios contratiempos habían acompañado mi camino; entre ellos, dos asaltos y una pelea. Con pasos inseguros, por instantes observaba la luna pero no despegaba mis ojos de cada callejón, mantenía mi mente alerta para impedirle a las ideas adueñarse de ella, movía los pies constantemente, a cada latido de mi corazón, aceleraba. De repente, en un breve descuido, unos brazos me sujetaron con fuerza, el peso de una mano encarceló mis palabras, intenté liberarme una y otra vez, pero cada que luchaba, los dedos marcaban mi cara y el cinturón, el resto de mi cuerpo; el chillido de una navaja estresó mis oídos y lo rasposo de una cuerda inmovilizaba mis manos. La sombra larga y ancha cubría la luz de la luna reflejada en mis ojos, cada minuto, la oscuridad era más espesa. Un frío inexplicable recorría mis venas, congelaba mi sangre y alteraba mis sentidos: la vista se confundía con el tacto, el olfato con el oído y el gusto, sólo me recordaba el sabor de la sosa cáustica que alguna vez ingerí por error en la infancia: amarga, quemante... La lengua y dientes de aquella sombra, invadían mi boca, hiriéndome los labios.

     Aquel cuerpo pesado, me arrojó al piso, el agua de los charcos mojaba mi ropa; esas manos gruesas, callosas, raspaban mi piel, antes tersa, ahora sucia y resquebrajada. Las piernas gruesas y ansiosas me suspendían el movimiento, debido a que las rodillas se acomodaron en la curvatura de las mías.  De nuevo, apareció el sonido del metal. Con las manos atadas a la espalda, cerré los ojos para alejarme de ese lugar y los labios para no probar el agua sucia de la calle. Ese frío plateado rasgó mi camisa, arrancó mi corbata y destajó mi pantalón, quitó toda tela que cubriera mi cuerpo. El viento soplaba enfriándome la conciencia; al mismo tiempo que el sonido de un cierre me erizaba las ideas, un gusano de piel se paseaba entre las curvas del deseo mojando cada parte de mí, yo intentaba deshacerme de ese bulto, pero las manos gruesas y pesadas detenían la batalla. Enojado, el gusano penetró con fuerza, quebrándome los tejidos y la voz, su lujurioso vaivén me rasgaba la piel, el resoplido gozoso y las gotas saladas de esa sombra quemaban como ácido mi cuerpo. Un líquido espeso emergió mezclándose con uno guinda, el ardor, los gritos de desesperación y dolor motivaban a la sombra agusanada a moverse con una velocidad incontrolable, esa presión hizo que mis ojos se desorbitaran, intenté golpearlo con la cabeza, pero el trancazo me fue devuelto con un corte plateado en los brazos; mordí mis labios para callarme, sólo anhelaba que eso terminara, el gusano continuó hasta hartarse, hasta que el agresor decidió alejarse del callejón. Mis glúteos moreteados me recordarían el resto de la vida mi virilidad mancillada. Desgarbado, me levanté, tomé lo poco que quedaba de mi ropa y continué mi camino.

     Ha pasado el tiempo, el contacto humano me enerva, el verme desnudo hace rechinar mis dientes, estallar mi mente y colapsarme de frío, al notar entre mis piernas, el mismo maldito gusano que me desgarró.

18 de octubre de 2007

Libro: Caleidoscopio

El visitante
de: L. Claudette Conde E.

Eran las tres de la mañana cuando Ángela escuchó pasos en la azotea, se escondió bajo las sábanas mientras repetía: “Padre nuestro que estás en el cielo, perdona mis pecados y líbrame de esta pena…” El sonido se acercaba más, de un sobresalto aventó el calor que la envolvía y guardó su cuerpo bajo la cama.
La puerta se entreabrió, un indeciso rayo de luz iluminó la celda. Medrosa, se agarró las piernas contra el pecho y se acercó más a la pared que detenía la cabecera de la cama.



Con los ojos abiertos como queriendo tocar el techo, vio unos pies desnudos, desgastados, con un agujero ensangrentado en el empeine. Soltó su postura fetal, se recostó boca abajo y siguió aquella silueta en forma vertical hasta toparse con el pecho herido, la cara desalineada. Se abrazó a sus piernas y comenzó a mecerse, las lágrimas enfriaban su mirada. Aquel ser, salió del encierro de Ángela dejando en el aire un tenue aroma a gardenias; un negro desencanto por no saber quién era, cubrió la habitación. Ángela salió de sus pensamientos y volvió a recostarse.

Tres ocasiones recibió la inesperada visita, tres noches le fue difícil conciliar el sueño, tres veces se preguntó ¿quién sería?

A la cuarta noche, mientras Ángela rezaba sentada en la cama, un aire helado invadió el silencio, sus ideas se desbordaban; se metió a su escondite y con los ojos cerrados se arrulló. El rechinido de la puerta marcó la llegada del visitante. Su cuerpo se estremeció, su mente giraba en torno a la oración aprendida desde su niñez: “perdona mis pecados, no me dejes caer en tentación, líbrame del mal, amén”.

Ángela buscó los pies descalzos, heridos. El sudor recorría su cuerpo, los nervios y el deseo la hacían desesperarse; ahuyentó el miedo y abandonó su protección. Su feminidad llovía, la lujuria la envolvió; en uno de los interminables abrazos, siguió la figura de abajo hacia arriba hasta toparse con el rostro indefinido de aquel ser, se encontró con una mirada anhelante, profunda, lo observó detenidamente y se dijo: - No puede ser Él… su cuerpo erizado, la obligó a despertar.